viernes, 2 de julio de 2010

¿Cyborgs o Humanos en Evolución?

A finales de los 80´s y principios de los 90´s era trasmitida esa extraña serie de televisión de La Pequeña Maravilla; o qué decir de películas surrealistas como la saga de Robocop o tan futuristas como Terminator. Hoy día, estos contenidos audiovisuales, aún siguen siendo producidos, proyectando una imagen de hombre como medio de producción; maquina que tras años, ha venido dejando de lado su legado –no olvidado- sólo un poco atrás, para poder “evolucionar“; evolución que se ve opacada por todo aquello que dejamos relegado y que realmente nos hace humanos. Seres que en ese interior etéreo luchamos contra las superfluas banalidades que el entorno nos dicta para alcanzar todo lo que queremos.

Es un actuar programado donde la película de A.I., que muy bien nutrida de contenido gracias a Kubrick y bajo la excelente – en mi concepto- dirección de Spielberg, parece una visión acertada del futuro de la humanidad: Robots, cada vez más humanos. Similitud innegable dentro de una cantidad de patrones que los especialistas en FX y en tecnología de avanzada alcanzan, vaya uno a saber si con la finalidad de confundirnos o de alcanzar una perfección en alta ingeniería; o peor aún: Humanos, cada vez más robots. Claro, no se puede dejar de lado a Engels con lo pensado y plasmado en su obra: El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. Sí, seguramente el trabajo nos dio la evolución y muchas de las herramientas que hacen nuestra vida tan cómoda y vacía actualmente, pero ¿es acaso el trabajo el fin, o un tan sólo un medio?

Bien lo decía Kraftwerk en su canción Die Roboter (The Robots):
We're charging our battery: Estamos cargando nuestra batería
And now we're full of energy: Y ahora estamos cargados
We are the robots: Somos los robots
We're functioning automatik: Estamos funcionando (actuando) automáticamente
And we are dancing mechanik: Y bailando mecánicamente
We are the robots: Somos los robots
Ja tvoi sluga (I'm your slave): Soy tu esclavo
Ja tvoi Rabotnik robotnik (I'm your worker): Soy tu trabajador

We are programmed just to do: Estamos Programados sólo para hacer
Anything you want us to: Todo lo que quieres que hagamos
We are the robots: Somos los robots

Aunque Engels, apoyado e influenciado por una cuantas teorías Marxistas y Darwinianas, exponga que a partir del trabajo surge la necesidad y por consecuencia la evolución, repulsivamente pienso que el trabajo – como trabajo y no como labor de supervivencia-, fuera entonces una de las únicas formas evolutivas, no físicas, que logramos. El hombre primitivo (primario) evolucionó. ¿No será que a mediados del S. XIX tanta influencia Socialista sólo lo hizo pensar en trabajo y capital e intento fusionar teorías evolutivas para dar un aporte a lo que consideraba evolución antropológica?

Un halo de luz emite esperanzas en mi análisis, haciéndome pensar que estoy en lo correcto, pero de nuevo, y sin querer alejarme del tema, aparece ese término, contemporáneamente, ambiguo : Yo, Robot (compendio de relatos acerca de las leyes y fusión de la robótica con la moral). En qué momento de nuestra evolución, interacción y visión del futuro tecnológico, llegamos a pensar en un pronombre tan personal como: YO y apropiarnos tanto de algo tan ajeno y lejano –desde lo intrínseco del ser- como: ROBOT. Su autor, Isaac Asimov, si bien era ruso y tenía un background donde las ideas comunistas fueron parte de su crianza, le daba un enfoque a la palabra robot, que venía con brochazos de ideas, que le daban matices de un pensamiento más de tipo antropo-robótico, si así le podemos decir, al querer apropiarse de una invención de concepto como: Robopsicología.

Hemos llegado a tomar esto como algo tan natural, que nuestros patrones de comportamiento han llegado a tornarse un tanto automatizadas; como decía un verdadero connoisseur de la antropología social de Latinoamérica, Roberto Gómez Bolaños, y “sin querer queriendo”, nos hemos ido programando lentamente para convertirnos en un número más dentro de un sistema que nos ha venido aprehendiendo a través de mensajes codificados que cada día son menos claros y, que nos dictan que lo importante –he aquí el meollo del asunto- es tener un trabajo.

Que si nos hace más o menos humanos, dicen que no importa, y sin bien parece un punto de giro dentro de lo que aquí se quiere explicar, no es así, lo que más importa es tener un trabajo y, entiéndase bien, intentar seguir siendo los mismos –mantener esas cosas que realmente sí perdemos cuando el todo actual de nuestra existencia es: trabajar-. Como si fuera fácil en estos tiempos. Más ahora cuando el contexto pareciera alienarnos y tragarnos enteros; meternos en sus fauces insatisfechas de este consumismo; “trabajar, trabajar y trabajar” para qué, pues para comprar. Está bien pensar que el bien último es sobrevivir, pero el inmediato siempre es comprar.

Los medios masivos se han hecho lenguaje programático en el sistema de almacenamiento de nuestro cerebro; miles de imágenes mentales han comenzado a guardarse en nuestro interior con extensión jpg; hemos cambiado el beso artesanal , por postales electrónicas; la carta por el e-mail; ya no disfrutamos salir, caminar y algo más que humano al hacer una fila para pagar, ahora contamos con sucursales virtuales hasta para cortejar. Somos avatares con alma; carne y hueso que tiende a reprogramarse en solamente software; nos hacemos intangibles y aún viven en nosotros esas preguntas que asfixiamos con la ignorancia: ¿Qué somos? ¿En qué nos estamos convirtiendo? ¿Cyborgs o humanos en evolución?
Andrés DLaRosa