miércoles, 30 de junio de 2010

La Convicción de Saramago

El nombre José de Sousa habría aparecido, muy seguramente, en la primera plana de los periódicos y revistas de las últimas semanas, de no haber sido por la decisión deliberada de un funcionario portugués de agregar el apodo Saramago durante el registro de nacimiento del hijo de José y María.

Sin embargo, no es esta la única curiosidad que envolvió el nacimiento del nobel de literatura José Saramago el 16 de noviembre de 1922. Legalmente su fecha de nacimiento es 18 de noviembre. El escritor describe este episodio en su autobiografía como un “pequeño fraude” de su familia.

Más allá de sus cientos de premios, Doctor Honoris Causa, menciones honoríficas y becas de su hoja de vida, sorprende la temática de sus obras, enmarcadas por muchos dentro del realismo mágico, y su gran sentido crítico frente a las religiones: en especial la doctrina cristiana; una de las razones por la cuales tuvo que abandonar su país natal. Quién iba a pensar que aún después de estudiar en un colegio de extremo catolicismo, iba a terminar siendo parte del partido comunista de Portugal. José Saramago, fue un escritor crítico del actual socialismo y sus argumentados escritos, dejaban ver con anterioridad sus directrices ateas.

Su pesimismo social iba en paralelo a su crítica contra los recursos que el hombre ha utilizado en la guerras de religiones: ‘Dios es el silencio del universo y el ser humano, el grito que da sentido a ese silencio’, citó.

En sus obras se percibe sarcasmo y siempre dejan un sinsabor frente a temas religiosos. La iglesia no le perdonó que escribiera El Evangelio Según Jesucristo, hecho que causó gran polémica y mientras atraía a unos tantos ateos, alejaba a muchos de sus seguidores, que tiempo más tarde se convertirían en sus opositores.

Su bien usado lenguaje, en cada una de sus obras maestras, además de deleitarnos, era una ventana abierta a su tendencia de pensamiento; su tinta venía cargada de anti-religiosidad y sus trazos críticos frente a la política y las diferentes formas de gobierno, tenían manchas de repudio acerca de cómo millones de dólares son invertidos, año tras año, con una visión errada de religiosidad que ha mantenido a la humanidad en guerra por siglos.

Injusticias en cada una de las naciones hacen que escriba Ensayo sobre la ceguera, violenta alegoría sobre la deshumanización del mundo. Su última obra Caín desencadenó una nueva polémica con la iglesia, quien lo acusó de buscar publicidad a través de la continua crítica a la biblia.

Con el sarcasmo que lo caracterizaba dijo en la presentación de éste, que no le representaría problemas con la iglesia porque los católicos no leían la biblia.

Sin embargo, a pesar de las opiniones y argumentos de sus detractores, defendió siempre su posición de ateo respetuoso respecto a la opinión y fe de cada quien.

‘No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona’: Saramago.

Andrea Paola Pulido